AVENIDA SECUESTRADA: Baches, “Boquilleo” y Desidia. La Almirante Brown es Tierra de Nadie Mientras el Puerto Factura Millones.

Lo que debería ser una vía de circulación fluida y el acceso turístico a las playas de Quequén, se ha transformado en una trampa mortal y sanitaria. La Avenida Almirante Brown, tramo urbano de la Ruta Provincial 227, ha sido virtualmente “secuestrada” por la anarquía logística y la falta de inversión, convirtiendo la vida de los vecinos y automovilistas en un infierno diario.

Por esta arteria, que une el puerto con la circunvalación, circulan más de 440.000 camiones al año. El peso de la cosecha, transportada muchas veces en unidades con cargas que exceden los límites permitidos, ha detonado el pavimento. Cientos de baches obligan a los transportistas a realizar maniobras temerarias para esquivarlos, poniendo en riesgo constante a los vehículos particulares que intentan circular entre moles de acero.

La situación es generada por la voracidad de las terminales portuarias (Terminal Quequén, ACA y Sitio 0). Sin consideración por la traza urbana, organizan sus despachos provocando colas kilométricas. En los accesos, se forman embudos de hasta tres y cuatro filas paralelas de camiones, bloqueando el paso hacia la zona balnearia y atrapando a los vecinos.

Al caos vial se suma la degradación ambiental y delictiva. La calzada acumula suciedad y cereal derramado, un banquete para las ratas que proliferan en la zona. Además, a la luz del día y ante la vista de todos, opera el “boquilleo”: el robo consentido de cereal directamente de los camiones. Todo esto ocurre ante una ausencia total del Estado: ni Tránsito Municipal, ni Prefectura Naval, ni la Policía Bonaerense intervienen para ordenar el descontrol o frenar el delito.

La indignación crece al mirar los números. En 2025, las terminales privadas facturaron más de 55 millones de dólares, y el Consorcio de Gestión del Puerto superó los 40 millones de dólares. Sin embargo, no han invertido un solo peso en el mantenimiento o el ordenamiento de la avenida que explotan y destruyen. Como sentenció una ex presidenta del Consorcio: es la foto perfecta de un “Puerto rico, ciudad pobre”.

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