En medio de una creciente preocupación por la crisis económica y el deterioro de las finanzas locales, los intendentes de la UCR bonaerense se reunieron en Tandil y lanzaron un llamado a la unidad partidaria de cara a la renovación de autoridades prevista para el próximo 7 de junio.
El encuentro, encabezado por el histórico jefe comunal Miguel Lunghi, dejó una señal política clara: el radicalismo busca reordenarse internamente mientras intenta fortalecer su peso institucional frente a un escenario de fuerte restricción de recursos y mayor demanda social. Según expresaron los intendentes, “solo a través de una construcción política cohesionada será posible defender con mayor eficacia los intereses de los municipios y recuperar capacidad de incidencia en la agenda provincial y nacional”.
La preocupación central del foro pasó por la caída de los fondos coparticipables, una situación que, remarcaron, golpea especialmente a los distritos más pequeños y complica el pago de sueldos y la prestación de servicios esenciales. En ese marco, resolvieron avanzar con pedidos de audiencia tanto al gobernador Axel Kicillof como al dirigente nacional Diego Santilli, con el objetivo de abrir una agenda de trabajo sobre financiamiento, obra pública, seguridad, tierras fiscales y el funcionamiento de organismos como IOMA e IPS.
La cumbre también dejó expuesta la interna partidaria. Por un lado, se ubican los intendentes alineados con Maximiliano Abad, junto a sectores vinculados a Gustavo Posse, Daniel Salvador y Evolución. Del otro, aparece la corriente disidente referenciada en Miguel Fernández y Alejandra Lordén, que busca consolidar una construcción propia tras la ruptura posterior a las elecciones de 2025.
Pese a las diferencias, en ambos sectores coinciden en que será necesario acercar posiciones para intentar una lista de unidad. El mensaje que dominó la reunión fue que, en un contexto de crisis, la división del radicalismo solo debilita su capacidad de representación territorial.







