Un grave episodio de violencia verbal en el Concejo Deliberante
Un hecho inusual y preocupante alteró el funcionamiento del Concejo Deliberante de Necochea, cuando una discusión política derivó en una amenaza explícita pronunciada en pleno recinto. La escena generó un clima de máxima tensión y encendió alertas por el nivel de agresividad alcanzado dentro de una institución democrática.
El episodio tuvo como protagonista al concejal Juan Cerezuela, referente de La Libertad Avanza, quien en medio de su intervención fue interrumpido y reaccionó con una frase de extrema violencia: “te voy a arrancar la cabeza”. El exabrupto, lanzado a viva voz, rompió por completo con los márgenes del debate legislativo y provocó estupor entre concejales, asesores y público presente.
Según testigos, la situación estuvo a punto de escalar aún más, con insinuaciones de continuar la confrontación fuera del recinto, incluso en el estacionamiento del Honorable Concejo Deliberante.
La intervención inmediata de concejalas y dirigentes permitió contener el momento, bajar la tensión y evitar que el conflicto derivara en un episodio físico. Ante la reacción del concejal Guillermo Sánchez, quien reaccionando a la amenaza, increpó a Cerezuela a dirimir las diferencias de otra manera, el libertario , según numerosos testigos “arrugó” y se quedó sentado en su silla .
La gravedad de lo ocurrido no pasó inadvertida. Dirigentes con años de experiencia en el ámbito institucional coincidieron en señalar que se trató de una escena sin antecedentes en el Concejo local. “En democracia no recuerdo algo así”, fue una de las expresiones que resumió el impacto del episodio.
Lo sucedido también reavivó cuestionamientos previos sobre el comportamiento del edil, ya que durante la última campaña electoral se habían registrado reacciones de tono violento, especialmente dirigidas a trabajadores de prensa, que en su momento motivaron críticas públicas y advertencias desde distintos sectores.
Más allá de las diferencias políticas y del tono que pueda adquirir el debate parlamentario, el uso de amenazas directas marca un límite difícil de justificar. La violencia verbal dentro de un cuerpo legislativo no solo deteriora el clima institucional, sino que también daña la confianza de la ciudadanía en quienes tienen la responsabilidad de representarla.
Mientras el Concejo Deliberante busca retomar la normalidad, el episodio deja una señal de alarma que trasciende la coyuntura: cuando el agravio reemplaza a los argumentos, se resiente la convivencia democrática y se debilita el valor del diálogo como herramienta central de la política.







