Casino: Treinta años después, la misma trampa vuelve a escena.

El debate actual sobre el futuro del Casino de Necochea parece atrapado en un déjà vu político que la ciudad ya vivió —y padeció— a fines de los años noventa. En aquel entonces, cuando el edificio pasó a manos municipales, las advertencias fueron claras: indefinición, ausencia de reglas firmes, discursos grandilocuentes y ningún interesado real dispuesto a invertir. Se habló de concesiones, de proyectos hoteleros, de capitales extranjeros y de ventas estratégicas. Nada prosperó. El resultado fue conocido: parálisis, deterioro y frustración colectiva. Hoy, tres décadas más tarde, buena parte de la oposición vuelve a transitar ese mismo camino. No hay ideas nuevas ni lectura crítica de lo ocurrido. El kirchnerismo local, expresado en el tándem Rivero-Blanco, insiste en un esquema discursivo conocido: objeciones permanentes, llamados abstractos a “repensar” el proyecto y una llamativa ausencia de alternativas concretas. Desde La Libertad Avanza, en tanto, el abordaje parece más pensado para el impacto en redes que para la construcción de una política pública consistente.

Ecos Diarios mayo de 1998

El problema excede la discusión política habitual. Lo verdaderamente preocupante es el efecto que estas posturas generan. Cada intento por reabrir debates cerrados, relativizar decisiones institucionales o introducir dudas sobre la legalidad del proceso erosiona un factor clave: la seguridad jurídica. Sin reglas claras y estables, ningún inversor serio arriesga capital. La previsibilidad no es un concepto abstracto; es la condición mínima para cualquier proyecto de desarrollo.

Ya en los noventa se advertía que volver a equivocarse con el Casino implicaría condenar al municipio a repetir el mismo conflicto durante años. Sin embargo, hoy se insiste en tensionar el proceso con argumentos que no aportan soluciones y que, en los hechos, empujan hacia el estancamiento. No se trata de desconocimiento histórico: los antecedentes están a la vista. La reiteración parece responder más a la lógica del desgaste político que a una preocupación genuina por el destino del patrimonio público.

Si el futuro del Casino vuelve a naufragar, no será por falta de diagnósticos ni de advertencias previas. Será porque algunos sectores optaron por reciclar estrategias fallidas, sembrar incertidumbre y transformar una discusión clave para la ciudad en un campo de disputa política. La historia dejó lecciones claras. El problema es que, una vez más, hay quienes eligen ignorarlas.

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