Un estudio científico del CONICET y universidades nacionales del año 2013 ya identificaba al trazado del camino costero como un factor humano clave en el retroceso de los acantilados y la pérdida de arena en el sector entre Bahía de los Vientos y Costa Bonita.
Un estudio técnico sobre la dinámica costera al este del puerto de Quequén advierte que el camino costero, tal como está trazado actualmente, contribuye de manera directa a la erosión de playas y acantilados en distintos sectores del litoral necochense.
La investigación, que analizó más de seis kilómetros de costa entre Bahía de los Vientos y Costa Bonita, concluye que la erosión no responde únicamente a procesos naturales, sino que también está fuertemente influida por intervenciones humanas, entre ellas la infraestructura vial construida sobre el borde costero.
Uno de los puntos más críticos se ubica en el tramo donde el camino costero se superpone con el sistema de médanos. Según el informe, la construcción del camino implicó la eliminación de dunas que actuaban como barrera natural frente al avance del mar. Esta alteración permitió el desarrollo de escurrimientos superficiales que generan cárcavas y aceleran el retroceso de los acantilados.
En ese sentido, los especialistas son categóricos: “el camino costero funciona como un inductor antrópico de la erosión costera”, potenciando procesos que, de otra manera, tendrían menor intensidad.
El problema se agrava porque la desaparición de las dunas también afecta el equilibrio sedimentario de las playas. Estos médanos cumplen un rol clave como reservorio de arena y su degradación reduce la capacidad natural de recuperación del sistema costero frente a temporales y sudestadas.
El estudio muestra además que la dinámica de las playas es compleja y variable: mientras que en las cercanías del puerto se registra acumulación de arena, hacia el este predominan los procesos erosivos, con playas más angostas, mayor exposición de plataformas rocosas y presencia de acantilados activos.
Frente a este escenario, los investigadores proponen una medida de fondo: relocalizar el camino costero hacia una traza más interna y restaurar el sistema de dunas. La recomposición de estas barreras naturales permitiría reducir la erosión y recuperar la estabilidad del frente costero.
También sugieren utilizar arena acumulada en sectores cercanos al puerto para alimentar artificialmente las playas más afectadas, como parte de un esquema de gestión integral del litoral.
El informe advierte que sin una planificación ambiental adecuada, la presión urbana, turística y de infraestructura seguirá profundizando los problemas de erosión, comprometiendo no solo el paisaje, sino también el desarrollo económico y el uso recreativo de las playas.
El caso del camino costero vuelve a poner en debate el equilibrio entre desarrollo urbano y preservación ambiental. En un contexto donde la erosión avanza y el mar gana terreno, los especialistas coinciden en que las






