Kicillof y Máximo negocian unificación para contener la tensión en el PJ Bonaerense

La cúpula del peronismo bonaerense se encuentra inmersa en una serie de reuniones discretas, con el gobernador Axel Kicillof y el diputado Máximo Kirchner a la cabeza de un esfuerzo por desactivar una inminente disputa interna. El objetivo central es forjar un acuerdo de unidad que impida una confrontación abierta por el control del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, una contienda que, de concretarse, podría tener profundas repercusiones en el escenario político provincial y nacional.

La tensión se acumula ante la proximidad de las elecciones partidarias, que ponen en juego la dirección del PJ bonaerense. Históricamente, esta estructura ha sido un bastión de poder y un trampolín para futuras candidaturas. Kicillof, enfocado en su gestión y en la perspectiva de una eventual reelección, busca evitar distracciones y desgastes que una interna feroz podría generar. Su estrategia pasa por garantizar la “unificación” de las diversas facciones bajo un consenso que preserve la gobernabilidad y la cohesión política.

Por su parte, Máximo Kirchner y La Cámpora, la organización que lidera, aspiran a consolidar su influencia dentro del partido. La negociación actual apunta a equilibrar las ambiciones de este sector con las demandas de los históricos intendentes del Conurbano, conocidos como “barones”, quienes también reclaman una porción significativa de poder y representación. Los alcaldes, conscientes de su peso territorial y electoral, son un factor clave en cualquier ecuación de gobernabilidad peronista en la provincia.

El acuerdo en ciernes, según fuentes cercanas a las conversaciones, estaría delineando una fórmula de integración que podría ubicar al gobernador Kicillof como cabeza de lista de los consejeros provinciales, un movimiento que le otorgaría un rol preponderante sin asumir la presidencia directa del partido. Este esquema buscaría capitalizar su figura como referente provincial y, al mismo tiempo, delegar la gestión del día a día partidario. A cambio, los intendentes recibirían vicepresidencias estratégicas dentro de la estructura partidaria, asegurando su participación en la toma de decisiones.

La Cámpora, en este diseño, consolidaría su posición a través de la ocupación de secretarías y la presencia en diversas áreas operativas del partido, lo que le permitiría mantener una fuerte injerencia en la militancia y la definición de agendas. Este reparto de roles y responsabilidades busca ser la clave para la “unificación” deseada, un término que resuena con insistencia en los pasillos de la política bonaerense.

El fantasma de una “guerra de listas” es lo que ambos líderes intentan conjurar. Una disputa abierta no solo debilitaría al peronismo de cara a futuros desafíos electorales, sino que también podría fragmentar la coalición gobernante en la provincia. La ausencia de un acuerdo obligaría a ir a las urnas internas con múltiples listas, lo que podría derivar en un desgaste innecesario y en la emergencia de figuras disruptivas, como la de Fernando Espinoza de La Matanza, a quien Kicillof preferiría evitar en una contienda directa por la presidencia del partido.

La estabilidad del PJ bonaerense es crucial para el equilibrio político del país, dada la relevancia electoral y económica de la provincia de Buenos Aires. El pacto que se negocia no solo definirá liderazgos y roles, sino que sentará las bases para la estrategia electoral del oficialismo en los años venideros, buscando consolidar un frente unido que pueda enfrentar los desafíos de un escenario político cada vez más complejo.

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