Los precios de la carne vacuna aumentaron muy por encima del índice general durante el año pasado y el impacto ya se siente en los hábitos alimentarios de 2026. Cortes clásicos registraron subas superiores al 70%, mientras el consumo apenas repuntó y continúa lejos de sus marcas históricas.
El precio de la carne en la Argentina cerró 2025 con aumentos muy superiores a la inflación general y ese desfasaje comenzó a reflejarse con fuerza en el consumo durante el inicio de 2026. De acuerdo con datos oficiales y relevamientos sectoriales, la suba del producto duplicó el ritmo del índice de precios y profundizó el proceso de cambio en la dieta de los hogares.
Según cifras del INDEC citadas por especialistas, mientras la inflación general del año pasado fue del 31,5%, el precio de la carne registró incrementos de entre el 51% y el 59,2% según la región del país. Dentro del rubro alimentos —el de mayor incidencia en el índice de precios— la carne fue uno de los componentes que más presionó al alza.
Su peso también se reflejó en los registros mensuales. En diciembre, la carne explicó cerca de 0,5 puntos porcentuales del 2,8% de inflación general y más de dos puntos si se analiza exclusivamente el rubro alimenticio.
El aumento no fue homogéneo. Algunos cortes tradicionales lideraron las subas durante 2025. El cuadril encabezó la lista con un alza del 72,6%, seguido por la paleta (71,2%), la nalga (69,7%), el asado (69,4%) y la carne picada (59,9%).
A estos datos se suma un relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, que indicó que solo en diciembre la carne vacuna subió 12,9% mensual. En el mismo período, el pollo aumentó 6,3% y el cerdo 10,6%. En la comparación interanual, la carne vacuna mostró una suba del 52%.
Pese al fuerte incremento de precios, el consumo no acompañó en la misma magnitud. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes, el consumo de carne vacuna creció apenas 1% en 2025 respecto de 2024, aunque todavía se mantiene 8% por debajo de los niveles registrados en 2023. El promedio anual rondó los 48 kilos por habitante, un valor muy distante de los registros históricos del país.
Este comportamiento refleja una tendencia sostenida de sustitución hacia proteínas más económicas, principalmente pollo y cerdo, en un contexto de pérdida de poder adquisitivo.
Desde el sector explican el encarecimiento por una combinación de factores: menor oferta de ganado como consecuencia de la sequía en años previos, suba del precio de la hacienda en pie, mayor demanda internacional y ciclos productivos más largos. Incluso el valor del ternero medido en dólares se ubica alrededor de un 85% por encima del promedio de las últimas dos décadas, lo que presiona sobre toda la cadena de valor.
Con estos antecedentes, el mercado de la carne inició 2026 con precios elevados y consumidores más cautelosos. El producto sigue impactando con fuerza en la canasta básica y en la inflación, mientras la demanda se reconfigura. El resultado es una mesa argentina donde el asado pierde peso relativo frente a opciones más accesibles, en un escenario todavía marcado por costos altos, oferta ajustada y consumo contenido.







